Tlaxcala sí existe… y te va a encantar
Un destino pequeño en el mapa que pocos conocen
Cuando te dicen “vamos a Tlaxcala”, seguro alguien suelta el clásico chiste: ¿sí existe? Pues sí, existe… ¡y está increíble! Este estado pequeño es la prueba de que las mejores experiencias no siempre están en los destinos más famosos. Tlaxcala te invita a caminar sus calles tranquilas, probar comida con sabor casero y descubrir rincones llenos de historia que se viven y no solo se cuentan.
Imagen de DiBGlez. Parroquia de San José en el centro histórico de la ciudad de Tlaxcala, México.
Un centro histórico que se disfruta sin prisas
A diferencia de otras ciudades donde todo es ruido y prisa, en Tlaxcala puedes caminar con calma. Su catedral, el Palacio de Gobierno con murales que narran la historia del mestizaje, sus portales llenos de cafeterías y el templo de San Francisco, son perfectos para hacer pausa, tomar foto y seguir el recorrido con un pan y café.
Fiesta, cultura y tradiciones auténticas
Tlaxcala vibra fuerte cuando llegan sus ferias, carnavales y festividades. Si quieres vivir algo muy mexicano, el Carnaval de Tlaxcala es una explosión de colores, máscaras, plumas y música que se siente en cada calle. No es un espectáculo para turistas; aquí la fiesta es auténtica, de barrio y con identidad.
Sabor a hogar
Tlaxcala conquista por el estómago. Los tlacoyos de maíz azul, mixiotes, escamoles, barbacoa de hoyo y el pulque fresco hacen combo ganador. Y si te gusta lo dulce, no te vayas sin probar los muéganos de Huamantla: crujientes, pegajositos y deliciosos.
Arqueología que sorprende: Cacaxtla y Xochitécatl
Si te gustan las historias prehispánicas, Tlaxcala tiene un combo arqueológico que no le pide nada a otros destinos: Cacaxtla–Xochitécatl.
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Cacaxtla guarda murales que todavía conservan sus colores originales. Sí, ¡pinturas reales hechas hace más de mil años! Ahí se cuentan guerras, figuras de jaguares y rituales que parecen recién hechos.
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A un pasito está Xochitécatl, una zona llena de pirámides dedicadas a las diosas y a la fertilidad. Lo mejor es subir y mirar el paisaje: campos, volcanes y ese horizonte que huele a historia.
Imagen de DiBGlez. Zona arqueológica de Cacaxtla, Murales del Hombre Jaguar y Hombre Pájaro. Tlaxcala.
Las minas de tiza: un destino raro y fotogénico
En el municipio de Nativitas, hay un sitio que pocos conocen, pero que vale muchísimo: las minas de tiza. No son minas oscuras como uno imagina, ¡todo lo contrario! Es un paisaje blanco, suave, lleno de formas curiosas que parecen cuevas talladas en crema.
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La tiza se usaba desde tiempos prehispánicos para pintar murales, utensilios y hasta para rituales.
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Hoy puedes caminar, tomar fotos increíbles y sentirte en un escenario de película.
Ideal para explorar con tenis y con respeto, porque es un lugar natural que aún se usa como recurso.
Imagen de DiBGlez. Minas de Tiza, San Mateo Huexoyucan, Tlaxcala, México
Huamantla: el pueblo que huele a feria y tradición
Muy cerca, está Huamantla, famoso por sus tapetes de aserrín que decoran sus calles en agosto durante la "Noche que Nadie Duerme". Además del ambiente festivo, puedes visitar:
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Museo Nacional del Títere, tiernísimo y diferente.
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Paseos al Rancho del Toro, donde conocen de crianza de toros bravos (solo si te interesa, claro).
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Y de paso, ¡los muéganos originales!
La Malinche: para amantes del aire fresco
Si te gusta caminar en bosques o te quieres aventar una experiencia más natural, el Parque Nacional La Malinche es el pulmón perfecto. Puedes:
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Hacer un picnic.
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Subir hasta donde te alcance la condición.
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Quedarte en cabañas y tomar chocolate con pan mientras cae la neblina.
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Y si no quieres escalar a lo loco, solo respirar ese aire vale la vuelta.
Imagen de DiBGlez. Zona arqueológica Xochitécatl, Tlaxcala, México
Tlaxcala es pequeño, sí… pero queda claro que hay mucho más por descubrir de lo que aparece en el mapa, además quedarás sorprendido por la tranquilidad, la asequibilidad, la limpieza y la amabilidad de su gente.
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